14 enero 2009

¿POR QUE NO TE CALLAS, JAIMOTO?

Pues eso.
¡Por qué no cerré la boca cuando se me ocurrió relatar en forma de novelada mi primer ostiazo…!!
¡Si antes lo digo, antes vuelco!!! Ahora lo explico…

Decidimos montar de nuevo la misma ruta que a finales de Diciembre nos llevó a la cumbre del Catllaràs, aprovechando las grandes nevadas de estas semanas y recordando lo bien que lo pasamos pilotando sobre nieve. Llamé a algunos de los compis que habitualmente comparten ruta, proponiéndoles la salida a la nieve. Pero muchos ya tenían planes o les surgieron asuntos que no les permitían venir.
Aún así, tres valientes salimos de Sant Andreu de la Barca en busca de frio, hielo, nieve y problemas…

Carlos “Farrukito”, Jorgito y yo mismo. Aunque creo que vinieron por las tremendas ganas de volver a salir en quad y con total desconocimiento de lo que nos íbamos a encontrar. Si lo llegan a saber, lo mismo ni se levantan. Ni yo tampoco.
Domingo 11 de enero de 2009
6:00 A.M. – Suena el despertador… He quedado con Jordi y “Farrukito” a las 6:30 h. en la portería para salir en busca de la nieve. Visita rápida al lavabo, descarga de 500 gr. de exceso de equipaje, un peinado rápido y a ponerme el traje de los domingos, mi chándal “taleguero” talla XXXL y mis J.Hayber New Olimpo.
Yogurt desnatado, edulcorado, con Bifidus activo y sin colesterol (gilipolladas de los fabricantes…) y cargado con el equipo dirección a la salida.
6:30 A.M. – Jordi espera en el portal y justo llega Farrukito con su Ford. El frio es intenso y la helada ha dejado los cristales de los coches totalmente congelados. Recogemos el remolque cargado con su quad Yamaha Bruin 250 y nos metemos en la carretera.

7:50 A.M. – Llegamos al camping y todo es blanco, pero de hielo. Dos bajo cero. Entramos en nuestras respectivas caravanas para cambiarnos y al salir… ¡Tachan!!! ¡Estos capullos vienen vestidos casi de verano!! Pobres bestias. Van a sufrir de lo lindo…

Farrukito estrena botas, pero lleva guantes de enduro finitos. Jordi con sus pantalones de entretiempo empieza a pegar tiritones, pero aguanta. Yo, con mis magníficos pantalones tipo “snow” del Decathlon, camiseta especial gimnasio (de las que dejan sudar pero no te mojas) y unos “pedazo” de guantes “goretex tinsulateDainese de última generación… empezaba a sudar.

8:30 A.M. – Llamamos por última vez a José Luis, porque no tenía claro si subiría o no, y ponemos rumbo al restaurante de la bidente (la camarera de solo dos dientes..) “Cafelito” y ¡en marcha! Para ahorrarnos un buen montón de tiempo, decidimos hacer el primer tramo por carretera, hasta Vilada (unos 20 km).

10:00 A.M. – El frio es tan sumamente intenso, que a pesar de llevar puesto lo mejor que tengo para el frio, llevo dos carámbanos de hielo como pies, dos más como manos, la nariz se me cayó por el camino junto con las orejas y las piernas se deben haber soldado a los plásticos del quad… porque no tengo cojones a moverlas. A penas circulamos a 30 kms. por hora, arrugaditos de frio, cuando llegamos al destino.

Yo pasé frio, pero los dos pardillos que llevaba detrás, no eran capaces ni siquiera de insultarme… Y no por falta de ganas. Sencillamente no podían mover la boca por congelación.
Pusimos las manos en la salida del tubo de escape en busca de algo de calor… ¡y salía frio!!!
Nueve bajo cero.
Al final, manos directamente al cilindro para recuperar algo la circulación y a buscar un garito para almorzar.
Y aún no habíamos pisado nieve.

10:45 A.M. – Después de un almuerzo de 5 euros cojonudo, al lado de una buena chimenea, salimos recuperados y con ganas de marcha. Comenzamos la ascensión al Catllaràs. Cuando al fin aparece nieve de verdad, encontramos una fila de 4 todoterrenos delante mismo que evolucionan a ritmo de tortuga…
Como no hay sitio para avanzar, sufrimos detrás de ellos hasta que deciden apartarse en un trozo de pista algo más ancho para hacer fotos. Los saludamos y abrimos gas empezando a disfrutar sobre 20-30 cm. de nieve pisada durante unos 15 km. siempre patinando de atrás.

11:20 A.M. – Llegamos hasta el refugio de “Sant Romà de la Clusa”, a 1.400 metros de altitud, donde ya era imposible continuar. De todas maneras, no tenía sentido seguir más adelante, ya que la peña de “l’home mort”, centro del Catllaràs, está a 1.700 metros, con lo que las cantidades de nieve acumuladas serian más para Alberto Tomba y los hermanos Fernández Ochoa que para nosotros.
Impresionante postal, espectacular paisaje… pero nos quedamos con las ganas de pilotar más sobre nieve.

11:40 A.M.- Después de las fotos de rigor, justo cuando empezábamos el descenso, encontramos a la expedición de 4x4’s subiendo y ocupando de nuevo todo el camino. En el último tramo, de escasos 20 metros, todo es hielo. El primero de los 4x4 no hace más que patinar y patinar sin control intentando llegar al final del pequeño repecho. Los demás quedan detrás esperando su turno.

Decidimos echar una mano en el difícil paso, pero ni empujando todos a una conseguíamos mover a la bestia Nissan GR por el camino correcto. Tras mucho esfuerzo, queda apartado y empieza a subir el segundo, tercero y cuarto.
Los “TTeros” están zumbaos y su intención es ascender hasta arriba, realizando espectaculares patinadas sobre la nieve virgen y el hielo. Están locos estos de los todoterrenos (jejeje)

12:30 A.M. - Como no era nuestra guerra, cedí la cámara subjetiva a Jordi para que grabara mi descenso y tener alguna imagen mía (no solo de los demás) y tiramos por la pista de vuelta, con vía libre para disfrutar un poco más.
No sé si os fijáis en las imágenes del Dakar, pero las ostias más espectaculares siempre son cuando hay una cámara de por medio. Pues eso pasó.

Se llama ego y “bacileo”. Creyéndome grabado desde atrás por el quad de Jordi, empecé a hacer el imbécil, con cruzaditas, saltitos y otras tonterías… hasta que entrando en una curva, pillé una buena placa de hielo y se me cruzó el quad bastante más de lo deseado. Acabé desplazándome totalmente de costado. El quad fue a parar contra un montoncito de nieve y volcó como en cámara lenta, escupiéndome a 1 metro más adelante… donde como persona de una gran humanidad que soy, seguí patinando y patinando hasta pararme del todo, esperando el golpe del quad al caer sobre mí.

No pasó. Bien.

Recompongo pensamientos, hago chequeo de daños corporales, me resitúo espacio-temporalmente e intento levantarme. Siento escalofríos al ponerme de pie.
Mierda. Algo anda mal.
Un frio de muerte penetra a la altura de mis cojones y sobre mi esfínter anal… se ha roto el pantalón por la costura de la entrepierna y un buen puñado de nieve ha penetrado en la zona más sensible a la temperatura del cuerpo masculino.
Daños colaterales: A tomar por culo el pantalón nuevo.
Al menos, se habrá grabado bien el ostiazo y lo podré mostrar en la web… Pues no. De nuevo “LA MALDICIÓN” de mis cámaras. No sé porque extraño sortilegio, hasta el día de hoy, JAMÁS nadie ha conseguido sacar unas imágenes decentes de mí, ya sea video o foto, con cámaras que me pertenezcan. Y esta vez no era una excepción.

Me la pegué y lo único bueno que saqué, fue que no me hice absolutamente nada (bueno, me rompí una uña ¡y no es coña!) y que el quad quedó sin el más leve rastro de daños.

12:46 A.M. - Apoyando los “güevos” directamente en el sillín, reemprendemos la marcha hasta la temible y gélida carretera de vuelta. Hay un tramo que no es posible hacer más que por carretera, pero el resto del camino decidimos hacerlo por montaña, sin prisa y disfrutando un poco del espectacular día que al fin aparecía.
¡Bingo!!
Por esas pistas no había pasado absolutamente nadie en la anterior semana, con lo que la nieve que encontramos era totalmente virgen. Al fin acabamos disfrutando de lo lindo. La tracción era espectacular, con un terreno blandito y cómodo, el paisaje de postal de navidad, y con la temperatura que se recuperaba hasta los cero grados (ni frio ni calor…)

14:00 P.M. – Llegamos al camping felices, sin demasiado frio y algo cansados, pero con la sensación de haber cumplido con las expectativas. Nos cambiamos de ropa y emprendimos camino de vuelta. Paramos a comer en el McDonald’s de Manresa, y me regalaron un ¡globito!!
Broche de oro a un buen día de quads.
Frase del día:
-¿Que es para ti el Arte?
-Morirme de frio, ‘miarma’
Jesus quintero preguntandole al Risitas.

09 enero 2009

MININOVELA: EL DÍA QUE ME OSTIÉ

Me dolía hasta el alma. Apenas podía abrir el ojo derecho, porque el resto de la cara seguía dolorosamente aplastada contra el suelo. Había dado ya tres vueltas completas en aquel circuito y comenzaba la cuarta. A pesar de pilotar a gran velocidad, el tremendo susto me produjo la impresión de que el tiempo se detenía. Todo parecía ocurrir a cámara lenta... Muy lenta.

Aquel gigantesco caballo apareció de la nada, ocupando todo el camino, delante mismo de mis narices. Intenté girar a un lado con mi moto, una Yamaha 500 XT como la de Cyril Neveu, héroe del Dakar, pero mi inexperiencia en el pilotaje de estas máquinas y su gran peso no me permitió maniobrar de manera segura y me desequilibré.

Solo tenía dos opciones: intentar saltar tirándome al suelo o chocar de frente contra el enorme equino.
Era la segunda vez que me subía a esta magnífica moto... y la primera que me bajaba en marcha.

Gran error.
El gigantesco animal, negro como noche de tormenta, de pelo increíblemente brillante, casi fantasmal, no hacía más que levantarse de manos y volver a caer, resoplando y piafando, cada vez más cerca de mi cabeza. El hijo de puta había conseguido asustarme de verdad y ahora pretendía rematar la faena, pisoteándome.

La chica que montaba al enorme semental estaba descontrolada. En su pálida cara se reflejaba el terror que sentía. Le era imposible dominar semejante bestia y solo podía intentar aferrarse a las riendas con las manos rojas de sangre, por la fuerza aplicada sobre las negras cinchas del bocado.
No muy lejos, se oían los gritos de mi madre y mi hermano, que me seguían en un todoterreno Land-Rover.

No sabía qué hacer. La adrenalina fluía por mis poros, pero mi cerebro estaba embotado y mi cabeza dolorida. En un último esfuerzo por sobrevivir, conseguí rodar sobre mí mismo, pero aún fue peor. Las gigantescas ruedas del todoterreno lamieron dolorosamente mis piernas.
No sé si fueron los nervios o algún tipo de locura que se derramaba como una pesada bruma entre los que estaban viviendo la escena, pero mi hermano empezó a descojonarse de risa. Una risa histérica, como poseído por algún tipo de espíritu demoníaco.
Mi vida empezó a pasar por delante de mis ojos a una increíble velocidad, y no pude más que empezar a llorar de rabia e impotencia, esperando un fatídico final.
Seguí rodando y me goleé en la espalda con un inmenso cerdo de color rosa. Un dolor lacerante en mi rabadilla me paralizó totalmente.
Cuando creía que todo estaba perdido, algo me arrastró con una fuerza descomunal y me alzó a más de un metro del suelo. Miles de luces de colores brillaron ante mis ojos y una terrible desorientación golpeó mis sentidos. En un abrir y cerrar de ojos, estaba a salvo, en brazos de mi padre.

Mi querido papá había salido de la nada, se había metido entre los cacharritos del "Tiovivo Hnos. Sánchez" de la estación de Renfe de Sant Feliu y había rescatado a su hijo mayor, de 4 añitos, que lloraba a moco tendido.
El enano cabrón de mi hermano de algo menos de 3 años, no podía parar de reír y mi madre, todo sofoco y con la cara roja del susto, a duras penas podía salir del pequeño Land-Rover en que se había encajado para acompañar al peligroso querubín.

La niña del negro corcel de fibra de vidrio brillante, creo que no perdonó jamás a sus tíos el haberla subido a aquel engendro que no hacía más que subir y bajar a toda velocidad sin que ella pudiera hacer nada más que intentar no caer, como había caído el niño torpe y regordete de la moto.
Cuando al fin sonó la sirena que indicaba el final de la atracción y poco a poco dejó de dar vueltas, la niñita rubia se bajó con fúria, arrancó con rabia su muñeca Nancy de los brazos de la tía, y con la cabeza muy alta y los ojos casi cerrados, les dio la espalda y se puso a caminar sin decir ni una palabra, con la grandeza y soberbia de una reina en un cuerpecito de un metro escaso.

Ese ha sido el accidente más grave sufrido en una moto mientras pilotaba y me dejó un buen chichón que mi madre se ocupo de bajar con una moneda de 25 pesetas sobre el bulto y un pañuelito atado a la cabeza. Por aquel entonces, era Jaimito, no Jaimoto.
Otros accidentes sí he tenido, como aquella vez que me arrollaron estando parado en un semáforo, o cuando me caí yendo de paquete en la moto de un buen amigo, pero eso es otra historia.
Tocaré madera y espero seguir teniendo la suerte y el sentido común que me han llevado hasta el día de hoy “casi” sano y salvo.

¡Mucha suerte y prudencia, amigos!!